miércoles, 10 de octubre de 2012

… Con Olor a Crepa, Manzana y Café …



Es de noche y mi cama reclama su presencia

Una vez más estoy agonizando. ¡No me culpes! así nací y no lo puedo evitar. Un dejo de muerte recorre mi ser, invade mis células y contamina mi sangre, sangre que al derramarse e inundar el ambiente con la delicia de su aroma ferroso, detona en mí un éxtasis profundo y particular, talvez por sentir, aunque muy sutilmente, la presencia de la muerte acariciando mi cuerpo. Y cómo no querer morir cuando la configuración idílica de la perfección humana, la única capaz de equilibrar mi pulsión de muerte con su naturaleza erótica, se tambalea en una balanza de contrapesos exageradamente opuestos.

Si pudiera asignarle una descripción, mi cama es el lugar perfecto para volcar todo lo perverso de mis sentidos y demás debilidades carnales. Compartirla, es abrirle una herida al egoísmo con tal de regalar lo más íntimo de mi ser al más dulce y tóxico perfume masculino.

Ser llevado por su cuerpo es la experiencia más extraordinaria que un simple mortal como yo puede conocer. Envuelto en la suavidad de sus cabellos, atado de sus ojos y sometido por sus labios, no puedo más que quedarme varado en el más excitante letargo terrenal.

Nunca había despertado con un hombre a mi lado.

Afortunadamente esta noche es diferente. Él y yo varados en esta habitación de un blanco infinito, de muros inmensos que nos cobijan y protegen de la maldad humana exterior. Esa habitación sin tiempo que me suspende en el vacío, me sumerge en lo prohibido: atmósfera perfecta para dejarme ser devorado por aquel olor sutil y sublime, casi imperceptible a los sentidos de lo ordinario, sin embargo para mí, es la fragancia que perfuma mi interior, ininteligible a mis tardos sentidos, pero reconocido como lo más puro de su esencia que me conduce a la locura, al tiempo que le da sentido a mi infortunio.

Aferrarme a la vida es lo que hago desde que se convirtió en lo más hermoso de ella, sentir que todo ha valido la pena por estar esta noche entre sus brazos, es la afirmación más exacta que jamás había podido descifrar.

El lenguaje tácito de sus labios, que me conceden el honor de interpretarlo y llegar a conocer hasta lo más profundo de sus debilidades, entender sus pasiones para luego simplemente fundirlas con las mías. Dejarme desvanecer en la suavidad de su piel, la magnificencia de su cuerpo, su delicadeza fálica que enerva mis neuronas y recorre la amorfia de mi ser con una electricidad punzante al compás de los acelerados golpes de mi moribundo corazón. Sentir que puedo morir y renacer en él.

Morir en este momento pudiera ser el regalo más cercano a tocar el paraíso, bautizado por el cálido tacto de su esencia vital que vuelve a los humanos inmortales, ese elixir que se sirve en el envase de mi cuerpo, que se escurre sobre los bordes de mi piel y que se funde con la torpeza de mis manos.

Morir en medio de la nada, de esa nada que siempre fui ...
esa nada que nunca extrañaré.

Sé que caminar al lado mío es como caminar en solitario, es por eso que esta noche, sin nada más que entregarle, me desprendo de mi cuerpo, este cuerpo que alguna vez fue suyo y mío. Este cuerpo inerte que a su lado reposa, estos brazos que alguna vez lo refugiaron y que se quedarán eternamente haciéndolo. Unos ojos que día a día recargaban ese brillo con el haz lunar que de los suyos emanaba.

Huéspedes de una luna que era nuestra, una luna que, a pesar de su egoísmo, tuvo a bien hacernos el regalo perfecto, representado en una mascota. Esa luna que vigila nuestra noche, que cobija nuestros cuerpos y protege nuestros sueños. Sueños donde sólo existimos él, yo y un mundo que gira alrededor y gracias a nosotros.

Un sueño que enamora pero perturba, un sueño que se pierde al abrir los ojos, que deviene en pesadilla, un sueño que se esfuma al despertar en un lugar que no reconozco. Una habitación extraña donde resido ausente, solitario… olvidado.

Escribo una historia que bien puede terminar en un segundo 
o que talvez nunca comenzó.



Nunca había imaginado compartir mis sueños con nadie más, nunca había despertado con un hombre a mi lado, pero en esta noche eterna agradezco a la vida que, cuando despierto, encuentro su cuerpo soñando justo aquí… a mi lado.