He descubierto que tengo un talento y una suerte envidiable con las
mujeres.
Lo anterior no es un destello de
arrogancia, tampoco me creo el más guapo ni el mejor de los hombres de este
planeta. Simplemente la vida me presenta a cada instante una oportunidad nueva
para reivindicarme y salir del bache
en el que, deliberadamente, he caído.
Si te pudiera contar un secreto,
te diría que siempre he estado rodeado de mujeres y que, de hecho, he
disfrutado bastante con ellas. Sí, efectivamente las he usado, pero qué te
parece si te dejo lo mejor para el último.
Por lo pronto confórmate con conocer un poco de la vida de un chiquillo
vulnerable.
¡No!, la verdad es que me da
flojera platicarte que alguna vez fui terriblemente rechazado por quienes se
supone tendrían que convertirse en mis amigos y la verdad no pretendo tirarme
al drama ni tampoco decir que en mi adolescencia, la muerte era el regalo más valioso que yo pudiera pedirle a la vida.
¿Te digo algo y no te ofendes?
Estoy cansado del discurso absurdo de la personas extrañas que dicen conocerte,
quienes llegan a tu vida y con verdad incierta te dicen que debes ser paciente,
que todo llega a su debido tiempo y que no hay más remedio que esperar. En fin,
enviados de no sé quién, a pregonar que el tiempo todo lo resuelve. De ser así,
exijo una entrevista con el mentado Cronos con el único propósito de mentarle la madre y de paso reclamarle
por qué demonios se ha ensañado tanto conmigo.
Sé que aún no llegamos al final y
que prometí lo más emocionante para esa parte. Pero es aquí donde entran las
mujeres. ¿Recuerdas que te dije que las usaba? Efectivamente, tienen ese
extraño poder de recordarme lo que soy, lo que valgo y lo que muchas veces sólo
ellas pueden ver, pero que lamentablemente nunca podrán alcanzar y mucho menos
aspirar conseguirlo, sin ánimo de ofenderlas, claro. Pero es que su dulce
exquisitez no es suficiente para saciar las pasiones y vicios más sutiles, delicados
e incluso violentos y perversos de un sujeto como yo, que no comprende el funcionamiento de esa su naturaleza familiarmente ajena.
Que entonces ¿por qué no me
enamoro de un cabrón? Llevo la mitad
de mi vida con esa maldita pregunta perforando mi cabeza. En verdad creo que
esa configuración corpórea tan atractiva y excitante no la tengo en mi registro.
Es por eso que mi humanoide y andrógino ser no logra entender los métodos tácitos de conquista sodomita y su afán de aprovecharse de todo y no
comprometerse con nada: de usar y desechar.
Creo que en verdad amo mi soledad, simplemente
me gustaría compartirla
con alguien, acaso es mucho pedir?
No sé por que la vida me golpea siempre en la
misma mejilla, talvez porque me he negado a poner la otra y por ello se ensaña recordándome
que ella es mejor controlando al mundo que yo.
No te pido que me entiendas y la verdad me vale
si me juzgas. Admito que soy tanático por
naturaleza pero que, dentro de toda esta podredumbre, las gotas más puras
de dulzura aguardan los latidos de un corazón sin miedo, capaz de lanzarse al
vacío con tal de saborear su perfume exquisito y su sabor penetrante para luego
fundirse en un cuerpo sin cuerpo cuya identidad se construya sobre la tumba del tiempo.
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