miércoles, 23 de marzo de 2011

... Crónica de un Desayuno a Medianoche ...

Irremediablemente una gota salada cae sobre mi taza de café. Con ella, una borrosa silueta se dibuja en aquel  líquido oscuro con olor a canela. Una tormenta de visiones hacen emboscada en mi memoria. Te conozco por los fragmentos de vida que compartí contigo, lo demás me lo contaron las voces extrañas que dicen saber de ti. En aquel tiempo todo era bastante sencillo. El día a día cobraba sentido cuando por fin a media tarde tú, yo y los demás compartíamos la mesa. En esos momentos era capaz de dejar a un lado mis demonios escolares y los reservaba para la hora de dormir. Cuando un nuevo día amenazaba con llegar.

No sabes cómo disfrutaba de los fines de semana sin la pesadumbre uniformada de los gritos, desaires y demás humillaciones pueriles.

Debo admitir que  no siempre estar contigo resultaba divertido ni tampoco aventura alguna. Había veces en las que no quería acompañarte y ser parte de tu agobiante rutina, sin embargo, tampoco podía estar sin ti. Y es esa misma relación adictiva la que hoy me tiene sin salida. Cómo alejarme de ti si te amo tanto. El miedo se alimenta de mi alma cada vez que imagino mi vida sin ti. Simplemente se reduciría a una banal e insípida existencia mediocre.

Tu nombre es la palabra más hermosa que mis oídos hayan podido escuchar, cuatro letras llenas de una pasión y amor desmedidos, una bomba que desata mis sentimientos más profundos. Tu presencia, la más relajante droga que me tranquiliza y me hace vulnerablemente valiente. Me declaro adicto a tu ser. El sólo pensar en ti le da rumbo a mi caminar incierto al tiempo que se inunda mi alma de un orgullo sublime cada vez que te apareces en mi mente o cuando con tu voz me deleitas y vuelves llevaderas las más sobrevaloradas nimiedades, miedos, frustraciones e incertidumbres de mi inexperta vida.

Entiendo que tu historia, al igual que la mía, no ha sido en lo absoluto sencilla. Heredamos los mismos insultos, maltratos, exclusión infantil y demás desaires familiares que quedarán por siempre guardados en aquel pesado baúl de los recuerdos. Es ahora cuando entiendo y me doy cuenta de  tu sabiduría y talento menospreciados, la eterna insatisfacción, tus muchos sueños robados, algunos eternamente aplazados pero todos destinados a morir en el más mundano y absurdo pantano; tu existencia frustrada por una felicidad nunca alcanzada, el engaño de papá, su cariño a medias y su inútil delicadeza masculina.

Hoy que ese tercer pie que pregonaba la esfinge de aquel relato épico ha hecho su aparición en ti entiendo que, al final, los papeles se invirtieron y con ello el reloj de arena se ha girado por última vez.  Con ello poco a poco me doy cuenta de que mi turno para tirar del columpio cada vez se acerca más. Me atormenta hacerlo, pero más me asusta hacerlo mal, es por eso que, por favor te pido me tengas paciencia para aprender a empujar a tu ritmo.

Sobre mi cabeza una gran nube gris se cobra mis errores de una manera tan espeluznante que me intimida. Mis pensamientos se dilatan, mis pupilas se electrizan y mi cuerpo poco a poco se desmorona cual grano de arena en el nfinito mar de una vida eterna; de recuerdos perpetuos, de enseñanzas no aprendidas y disculpas tácitas y manifiestas que me obligan a pedirte el último favor terrenal:

El día de tu partida virgen alada, lleva contigo a este pobre viajero sin rumbo y, en caso de no ser admitido por su misma naturaleza vagabunda,  dota con tus alas al mejor de tus ángeles y envíalo junto a mí para que sea mi fortaleza y motivo frente al doloroso proceso de dejarte partir.


10.05.11