Anoche tuve una cita con el Diablo.
Que ¿cómo supe que era él? Debo confesar que al principio no fue fácil descifrarlo. Todo parecía como un encuentro casual y distante, un humano más entre tantos que recorren las solitariamente concurridas calles de la ciudad que actualmente me hospeda. Sin embargo, aturdido por el efecto de la cafeína en mi cerebro, decidí regalarle mis sentidos y probar un poco de esa esencia tan tentadora que emanaba de su escuálido cuerpecillo...
El olfato no daba cabida a ningún olor sospechoso, así que el primer sentido fue descartado. Su voz resultaba sutil y ordinaria. Sus manos fueron olvidadas luego del primer saludo pero hubo algo en mi cerebro que ordenaba a mi ojos a no desviar la mirada de su cara angelical ni de esa larga cabellera que caía suspendida hasta sus orejas. A cada oportunidad recorría su rostro, atento a cualquier reacción, esperando que alguno de los cristales de azufre injertos en su piel liberara su fragancia característica, pero nada. Fue hasta que mis pupilas se rindieron y fueron a parar al único lugar de donde jamás pudieron apartarse.
Cuando nuestros ojos se encontraron, se desvanecieron juntos en una mirada perfecta, una proyección caleidoscópica de colores destellantes que se funden en una ilusión óptica, en un engaño más de mi cerebro, donde pude ver una imagen que de otra forma no hubiera sentido jamás. El villano perfecto, la criatura menos perceptible del mundo pero también la más traicionera, se materializaba justo al rededor de nuestros cuerpos, se alineaba cual ejército en la guerra esperando el ataque masivo de aquella aleación corpórea. Fue entonces cuando en un hecho inesperado, la fantasía humana más visceral del mundo quedó consumada en nuestras manos... Uno a uno los minutos quedaron varados en la nada; desorientados en una misión interminable por encontrar su hora... la vida parecía tan larga y por fin el tiempo nos daba pequeña tregua.
Desde ese momento debí empezar a sospechar. Asesinábamos minutos sin preocupación alguna, todo bajo el hechizo de su fascinante y sutil atractivo natural, cobijado por el manto de su cariño aparente me sedujo a tal grado que, después del primer beso, mi ser ya no tuvo escapatoria. El deseo se volvía cada vez más y más carnal... Caricias sutilmente violentas que condimentaban la atmósfera con un éxtasis sublime en aquella mazmorra que, hasta ahora, reconozco como el infierno.
Sumergidos en tanto deseo, me deje arrastrar hasta lo más privado de aquel sitio: su lugar secreto donde tuvo cabida aquel delicioso equilibrio térmico entre mi gélida piel y el calor que emanaba de su tacto. Sensación indescriptible recorrer y admirar cada centímetro de su textura semihumana a través de mis dedos, encontrado a su paso pequeños brotes de maldad que emanaban de aquella suculenta piel de leche.
Su sudor y el mío parecían fundirse en una arcilla tóxica que penetraba por mis poros y exaltaba mis sentidos. Uno a uno sus besos recorrían mi cuerpo con la delicadeza aterciopelada de sus labios mientras que, aletargado por el placer, me volví completamente su objeto de deseo. Deliberadamente vulnerable, aprendí a disfrutar sus repentinos movimientos violentos que dejaban en mi cuerpo una sensación regocijante de dolor que me unía cada vez más a ese delicado cuerpo esculpido en el más fino mármol ... completamente entregado a ese momento tan efímero.
El tiempo parecía haberse detenido por completo. Éramos sólo nosotros dos en aquella fusión corpórea que inundaba de felicidad mi tan agobiada existencia, sus movimientos brutalmente delicados desgarraban cada centímetro de mi piel. En ese momento alcancé tal dicha que podría morir en ese mismo instante y no haber deseado nada más en vida. Era mi ideal, lo mejor que me había pasado en la desgraciada existencia sin rumbo que me había tocado sortear. Por fin conocía la verdadera felicidad. Felicidad que se vio bautizada con el repentino derrame de su cálido líquido de vida sobre mi cuerpo, acompañado por una mezcla de susurros de satisfacción indicando que todo había terminado. Selló mis labios con un beso para después quedar firmemente envuelto por la protección y el calor de sus brazos, perdiendo poco a poco el conocimiento, dando paso a un largo y reconfortante sueño.... De pronto mi cabeza recobró la conciencia...
No pude abrir los ojos inmediatamente pero pude percibir las palpitaciones profundas de mi fatigado corazón golpeando la suave plataforma que sostenía a mi débil cuerpo. La habitación se embriagaba con un ensordecedor silencio que irritaba mis oídos con aquel zumbido que perturba los sentidos. Me concentré tanto en un esfuerzo inútil por reconocer al tacto las fibras textiles que me cobijaban que, en un impulso de desesperación, decidí bruscamente apartarlas de mi, dejando al descubierto un adormecido cuerpo semidesnudo.
Luego de una respiración profunda, tomé todo el aire que mis pulmones pudieran almacenar para lentamente abrir los ojos. El corazón latía cada vez más fuerte. Sólo pude percibir la fuerte lluvia que azotaba al exterior. No sabía dónde estaba, trataba de recordar cómo había llegado a ese lugar pero mi cabeza nuevamente me traicionó. Intenté encontrar algo familiar en ese espacio falto de luz pero gracias a mi débil visión se impidió cualquier reconocimiento posible.
Un repentino viento fresco se coló por aquella habitación y, en un escalofrío que me llenó completamente de miedo, mi cuerpo percibió dolores agudos en algunos de sus miembros, dolores que traían consigo memorias excitantes de un evento pasado que por alguna extraña razón, no podía recordar.
Finalmente, motivado por el dolor y llevado por el instinto o la rutina, me levanté de la cama. Mis pies reaccionaron de inmediato ante el gélido y rígido contacto del piso, sin embargo, siguieron su curso y caminaron un par de metros hasta alcanzar la pared y permitir que mis torpes manos activaran el interruptor... estaba en mi recámara.
Cegado por la repentina luz fluorescente, mis ojos somñolientos lentamente fueron despertando del letargo nocturnal. Poco a poco se empezaba a dibujar frente a mi la silueta de un hombre en aquel cristal reflector de cuerpo completo... luego de unos segundos, por fin me reconocí.
A través de aquella imagen pude descubrir la causa de ese dolor punzante en todo mi cuerpo. Manchas de sangre maquillaban mi cara, tatuaban mis brazos y revestían mi piel. Las heridas aún no cicatrizaban y, debido a la posición vertical de mi cuerpo, una gota de sangre seguida de un delgado hilo de la misma sustancia, comenzaron a descender por mi pecho con dirección al ombligo. Justo antes de terminar su recorrido, mi índice la interceptó y la dirigió hacía mis ojos. Mis pupilas extasiadas admiraron su textura viscosa, su delicioso rojo carmín y su radiante brillo ocasionado por la bombilla que radiaba arriba de mi. En un mecánico movimiento, pase el dedo frente a mi nariz, disfruté su tóxico perfume ferroso por unos cuantos segundos para después dar paso a mi lengua sedienta y combinar toda esa mezcla de sentidos y sabores capturada en la esencia vital de aquel líquido intravenoso.
Una vez disfrutado el elixir, me concentré en las hendiduras sobre mi piel. Surcos longitudinales que corrían de un lado a otro y en diferentes direcciones. Lentamente con ayuda de mis dedos, procedí a averiguar su profundidad; poco a poco fui abriendo hasta que una punzada de dolor perforó brúscamente lo más profundo de mi cerebro. Soportando aquella tortura, inserté el índice derecho para confirmar que la herida no era tan profunda como la había imaginado ya que apenas alcanzaba a cubrir la mitad de la uña.
Decidido a olvidar todo me dirigí hacia el baño, necesitaba urgententemente una ducha. Giré la llave del agua caliente y no tardó mucho para empezarse a sentir el calor del vapor que inundaba el cuarto de baño. A manera de ritual, introduje primero la mano derecha, como si pretendiera medir la temperatura del agua, para después deslizar la cabeza y el cuerpo debajo de la lluvia tranquilizante de la regadera.
Fue precisamente ahí, mientras trataba de forzar a mi cerebro a olvidar y a resignarme al hecho de que todo había sido un mal sueño cuando, de repente, el tren de los recuerdos empezó a dibujar imágenes en mi cabeza. Todo lucía muy borroso y distante: un aparatoso choque automovilístico, una silueta cuyo rostro no pude reconocer, pero siempre una constante... el dolor. Un dolor tan profundo que irónicamente me llena tanto de un placer inexplicable... -¡Basta!, grité al darme cuenta de lo perverso de mis pensamientos...
En un impulso repentino cerré la llave. El agua dejó de fluir y en aquel lugar sólo escuchaba el goteo inconstante de una regadera agonizante. En medio de esas cuatro paredes, quise dar justificación a lo que había sucedido pero a mi mente sólo llegaban preguntas. Hubiera sido más sencillo aceptar cualquier otra situación por dolorosa que pareciera a soportar aquella incertidumbre sofocante de no saber siquiera quién era, qué quería de mi y qué quedaba de todo lo sucedido apenas unas horas atrás. Cerré los ojos y lastimosamente me obligue a admitir que había huido sin explicación alguna.
Afuera en el mundo todavía no paraba de llover, relámpagos dispersos iluminaban la oscuridad de mi incómoda guarida. No sé por qué mi corazón comenzó a latir cada vez más rápido al tiempo que cerraba la puerta del baño. Camino temeroso hacia la entrada de mi cuarto cuando otro fuerte relámpago hizo darme cuenta de algo extraño en el piso que inmediatamente capturó mi atención... Pisadas sobre sangre fresca que nunca habían estado ahí... Ansioso esperaba el próximo
relámpago... sólo para que, cuando éste llegara, se dibujara en esa oscuridad la silueta de un hombre recargado en la pared, sujetando son su mano de dedos largos y uñas engarfiadas... Una deliciosa Copa de Vino Ensangrentada....
Afuera en el mundo todavía no paraba de llover, relámpagos dispersos iluminaban la oscuridad de mi incómoda guarida. No sé por qué mi corazón comenzó a latir cada vez más rápido al tiempo que cerraba la puerta del baño. Camino temeroso hacia la entrada de mi cuarto cuando otro fuerte relámpago hizo darme cuenta de algo extraño en el piso que inmediatamente capturó mi atención... Pisadas sobre sangre fresca que nunca habían estado ahí... Ansioso esperaba el próximo
relámpago... sólo para que, cuando éste llegara, se dibujara en esa oscuridad la silueta de un hombre recargado en la pared, sujetando son su mano de dedos largos y uñas engarfiadas... Una deliciosa Copa de Vino Ensangrentada....