... En mi continuo caminar disperso, vagando entre la multitud de almas y sumergido en la maraña eléctrica que produce mis pensamientos, una imagen de eterna pureza iluminó mis sentidos. Un ser distinto al género humano, poseedor de una belleza terrenal sublime por lo que no pude evitar deslizarme en el más visceral movimiento de tacto. Su suavidad increíble, su piel semi áspera abrió en mi cuerpo la más humilde sensación de incondicional ternura que me elevó a la más profunda soledad mundana...
El encanto duró muy poco. De repente, mi mente se ocupó por atender la cómica ausencia de verbalidad que sostuve con su mascota humana. Fue una invitación tácita a dejarme llevar por la magnificencia canina... magnificencia que quedará en una mirada, una palmada, un olor, en un recuerdo, en una memoria que olvidaré y que en un futuro suplicará por ser recordada...
Olvidar como me olvida la vida, justo como ella se burla de mi capacidad imperfecta de retención. Una vida efímera que arrastra al infierno toda dicha y toda belleza. Que a su vez deja un vago recuerdo y una eterna nostalgia que va creciendo mientras la vida muere en el profundo calvario del olvido y el dolor.
Dolor y muerte como sinónimos de una vida memorable. Dolor y sufrimiento como elixir sagrado de felicidad infinita que, al conjuntarse, dibujan en sí mismas malformaciones bastardas sin sentido concreto que buscan maldecir el origen desdichado de su misma naturaleza: palabras malsanas que se pierden en el lenguaje y que representan la morfología incorpórea de una realidad etérea.
Durante el regreso a mi mundo material intangible, debo confesar que fui víctima de una pequeña revelación, y es que, hace tiempo me regalaron un boleto prohibido para la atracción más divertida. Junto con él venía una pequeña brisa de aire tóxico, que con el paso del tiempo ayudó a que el motor cefálico aprendiera a dibujar historietas fantásticas de aventuras imposibles que dan un respiro a la asfixiante, muda y fría realidad noctámbula en una conexión perfecta con la inerte máquina de sueños mundanamente llamada almohada...
Finalmente advierto que, mi infinita y absurda ignorancia no pretende encontrar la rima perfecta para el soneto incierto de mi vida. Sólo busco escribir el verso correcto para sortear las adversidades de mi día a día... Escribo palabras sin una lógica terrenal aparente, palabras que emanan del ciclo neurológico del insano laberinto cerebral... Mi Lugar Común...
